sábado, 27 de abril de 2013

Comentario #1


                    Si la ingeniería genética ha llegado al punto de modificar plantas con el fin de incrementar la producción, significa que las causas deben ser, entre otras: la alta demanda de alimentación, la necesidad de acelerar los procesos reproductivos, la posibilidad de asegurar las cantidades planeadas de cosecha gracias a los métodos de bloqueo de ciertas pestes, etc.

                     Pero no se tienen conclusiones concretas aún de lo que estos cambios conllevan para la salud y el balance eco-sistémico. Para poder determinar la huella ecológica de tales acciones, sería tentador comparar cierta cantidad en cierto lugar de varios cultivos modelos, sembrando los naturales y los genéticamente modificados. Mediante estas observaciones a tiempo real, se compararían los pros y los contras en ambos casos y de acuerdo a los diferentes aspectos que componen el análisis más integral de los resultados.

                   El enfoque final no debería ser si se implementan tales prácticas o se descartan, sino qué tanto se puede amortiguar del impacto ambiental y social que estos cultivos tendrían. El avance tecnológico es una gran parte de lo que nos hace progresar como raza. Aunque no se puede ser radical y convertir absolutamente todas las semillas en transgénicas tampoco. Tal vez es mejor hacerlo en proporciones de acuerdo a las necesidades económicas y a medida que estas se presentan. Además, no se pueden olvidar los estatutos y leyes estatales que aplicarían a estos casos agrícolas.

-          Victoria Solís

No hay comentarios.:

Publicar un comentario